Locura indiferente

Hay palabras que hacen sonreír, que te dejan un buen sabor de boca, palabras con las que uno se siente tan bien como si estuviera tumbado en un verde prado frente a las nubes. Y hay palabras que duelen, que ahogan, que matan, palabras que al oírlas desearías no haberlas escuchado nunca, porque te dejan tirado como un perro maloliente, porque te dejan el sentimiento de que eres lo más inútil del mundo, la última mierda que existe.

Pero hay otra clase de palabras, las peores, las mudas, aquellas palabras a las que algunos llaman silencio.

Y es que me puedes herir, me puedes ahogar, me puedes matar… hazme lo que quieras pero lo que te pido que no hagas es que te quedes callada, que te quedes ahí, de pie, mirando al vacío, indiferente, sin decirme nada, sin expresar nada, sin que todo lo que tienes dentro salga a la luz.

Vamos, ¡grítame! ¡Dime todo lo que haga falta para que te puedas quedar vacía! ¡Saca tus emociones, llora si tienes que llorar, exterioriza todo lo que te está ennegreciendo el alma! ¡Déjate llevar por la rabia, por la furia, dime todo lo que me tengas que decir! ¡Hiéreme con palabras, ahógame con palabras, mátame con palabras!

O quizá…

O quizá quiéreme… quizá dame un beso que diga que de verdad me quieres, quizá mírame a los ojos y saca la mejor de tus sonrisas, quizá dime cantando lo que no te atreves a decirme con palabras.

Mátame… quiéreme… pero lo que por favor te pido es que no me seas indiferente. Es peor que morir, es peor que el infierno, es peor que vagar solitario en un mundo de dementes. Una sola lágrima quizá, un solo roce en los labios quizá.

Pero no me lleves a la locura con tu indiferencia.

Nada, nadie…

A veces siento que soy invisible, un simple fantasma al que no se le oye cómo arrastra sus cadenas, un ligero soplo de aire que no tiene la suficiente fuerza para hacer que algo vuele.

A veces siento que soy nada, como un grano de arena entre los miles de millones que puede haber en el desierto, como una nube que pasa indiferente sobre nuestras cabezas, como un escritor que camina como alma en pena pensando en todas esas veces que no ha recibido respuesta, como una de tantas estrellas que vemos al mirar hacia arriba que piensa que para nosotros solo es una más.

A veces me doy cuenta de que no soy especial, que la vida me ha dado un papel secundario en su obra, que no soy más que el solitario árbol que siempre sale en las funciones de navidad. Nada que decir, nada que enseñar, nada que pueda ser recordado por la mente de alguien algún día.

Y decir “a veces”, es lo mismo que decir “cuando estoy contigo”.

Porque no sabes lo que me pesa tenerte a mílimetros de mí y que me mires como si fuera transparente, porque no sabes lo que me pesa éscuchar tu tenue respiración, el palpitar de tu corazón, y darme cuenta de que tú no te das cuenta, porque no sabes lo que me pesa mirarte a los ojos y ver que esos ojos miran a otro.

Porque no sabes lo que me pesa casi rozarte y que ni siquiera repares en mí, que te mande mil indirectas y que te salgan igual que entran, no sabes lo que me pesa sentir que el tiempo se va agotando poco a poco y que algún día nada de todo esto servirá.

A la fuerza te olvidaré, a la fuerza sonreiré pero siempre quedará ahí la mancha negra de lo que pudo haber sido y no fue. Siempre quedará ahí el sentimiento de que para ti fui igual de importante que la piedra más insignificante que se cruza en tu camino.

Y no sabes lo que me pesa ser para ti nada, nadie…