Ser

A veces nos empeñamos en no ser felices.

Es curioso, sí. Nos conformamos con nuestro estado emocional, con el estilo de vida que llevamos, con el camino que estamos recorriendo. Nos conformamos, a secas. O nos hacen conformarnos, realmente no lo sé. Aunque siempre somos nosotros quienes tenemos la última palabra. Aunque no lo parezca.

A veces nos empeñamos en no querer darnos cuenta de que tenemos la felicidad a la vuelta de la esquina y que lo único que tenemos que hacer es caminar hasta alcanzarla, que no tenemos por qué aceptar lo que tenemos, que llega un momento en el que el pensamiento de “no hay otro remedio” no nos puede valer.

Porque cada ser humano tiene un lugar en la vida en el que puede ser feliz, y ese lugar, esté cerca o esté lejos, es totalmente nuestro, es totalmente alcanzable. Solo hacen falta ganas de luchar y renunciar al miedo a perder. Y es que solo a través de fallos, solo a través de las veces que logremos levantarnos después de haber caído conseguiremos alcanzar lo que nos parece inalcanzable.

Porque lo más importante no es no tropezar, sino saber levantarse después de haber tropezado.

A veces nos empeñamos en asentir cuando queremos decir no, cuando simplemente debemos cerrar los ojos, respirar y tomar nuestras propias decisiones. Elegir el rumbo que creemos conveniente y dar algo más de protagonismo a lo que nos dice ese que late, callar las voces que vengan de otras partes. Porque la razón nos mantiene vivos, pero a un precio demasiado alto, nos ahoga y nos atrapa, nos encierra en una jaula demasiado estrecha como para poder liberarnos.

A veces creo que nos hemos perdido. Nos hemos perdido a nosotros mismos, aquello que queríamos llegar a ser, todos aquellos sueños que algún día quisimos alcanzar, todas aquellas batallas que quisimos librar.

Todo por querer tener una vida que se olvidó hace tiempo de que lo importante no es lo que tenemos, sino lo que somos.

Queda conjugar los verbos ser y tener en uno solo. Ser aquello que quieras ser, tener lo que eres sin que otros piensen que es una absurda tontería o que ya no estás para estas cosas.

Yo, mientras tanto, seguiré intentando ser feliz aunque me cueste la vida llegar a conseguirlo. Y cuando llegue… miraré los tiempos oscuros y me reiré a carcajadas.

Porque fueron un paso más para llegar a aquello que quise alcanzar.

Cada día sale el Sol

Una caída casi mortal, una espesa negrura que me envuelve el pensamiento, mil demonios que penetran en mi mente queriéndome dejar su esencia, suenan teclas de piano que tocan una melodía de final, siento que me he estampado contra el suelo y me quedo aturdido, moribundo, esperando a que algo o alguien me recoja.

Y entonces un grito de libertad…

Resuena como una explosión, cómo millones de gotas de agua dando contra el suelo al mismo tiempo y se escucha en mil lugares… en el viento, en los árboles que están a mi alrededor, en mi pecho, en mi alma… Grito como nunca había gritado porque siento como nunca había sentido y me da mucha rabia pensar que durante un instante haya querido utilizar la goma de borrar.

Porque durante un instante he pensado en abandonar, en mirar atrás y querer que no hubiera nadie, en obligar al pensamiento que dejara de pensar, en querer derribar los muros que simplemente tengo que saltar. He mirado al suelo en vez de al frente, al horizonte… Durante un tiempo he querido matar los sueños, las esperanzas que van y vienen pero siempre están ahí, los pequeños objetivos de la vida que muchas veces te hacen desesperar.

Pero justo después de ese instante me he odiado a mí mismo.

Porque nunca hay que venirse abajo, siempre queda un objetivo por el que luchar, uno no se puede rendir tan fácilmente a pesar de las barreras que se puede encontrar por el camino, porque a pesar de que hubo un día en el que había voces que te decían no, esas mismas voces pueden algún día decir sí. No hay por qué abandonar a las primeras de cambio porque como dicen algunos, quién algo quiere algo le cuesta. Y es que siempre hay que luchar por lo que uno quiere, no hay que desistir, no hay que bajar la cabeza, porque sé que lo que hay en el horizonte merece la pena y eso me da ganas de continuar, de seguir peleando en esta batalla en la que, aunque parezca que esta todo perdido, siempre quedará un último golpe que dar.

Cada día ofrece nuevas posibilidades, nuevas opciones. Lo que fue ayer quizá no lo sea mañana, cada día es diferente, cada día es otro mundo, cada día sale el Sol de nuevo y todo vuelve a empezar, cada día puedo ganar lo que ayer perdí.