Siempre más

Siempre me he preguntado si es autoexigencia o inseguridad. Ya sabes, aquello de pensar que nunca es suficiente, de observar hasta el más mínimo error, de creer que aún puedes dar más, que si le das dos vueltas puedes ser mejor.

Siempre me he preguntado si esa manera de ponerse frente al espejo daña o te hace aún más fuerte, si saca a la luz la mierda o te muestra cuanto podrías crecer.

Nunca lo he sabido, creo que nunca lo sabré.

Nunca he sabido si soy un incoformista, si simplemente quiero más, si confío mucho en mí mismo y, por tanto, sé de lo que soy capaz, alcanzar cosas que nadie ha alcanzado jamás.

Es una mierda, nada podría describirlo mejor.

Que incluso con todos los elogios del mundo, solo veas los errores, aquello en que has fallado, aquello que podrías haber cambiado.

Nunca lo que has logrado, nunca las metas a las que has llegado. Siempre más, siempre más.

No es esta la felicidad que me prometieron cuando me propuse alcanzar mis sueños. Esa impresa en tazas de desayuno y velas aromáticas, esa que te inculcan de pequeño. Esa que habla de cruzar metas olvidándose del camino.

Nunca te hablan del vacío, del “ahora qué”, del después.

Quizá sea ese el problema. No estoy nunca satisfecho porque siempre pienso en lo que viene después, en la próxima meta, en el siguiente objetivo. Nunca estoy satisfecho porque, si siempre pienso en el próximo escalón, no me doy tiempo a mirar hacia atrás y darme cuenta de cuan alto estoy.

Quizá no es autoexigencia ni inseguridad. Quizá es el simple problema de no tomarse un respiro para abrir los ojos y mirar de cara la verdad.

Apología de la felicidad (I)

A veces la vida nos pone retos tan difíciles que nos creemos incapaces de asumirlos y afrontarlos. Puta vida esta que parece empeñarse en que no seamos felices, puta vida esta que se empeña en que vivamos por vivir sin disfrutar del camino, puta vida esta que antepone sobrevivir al vivir, la guerra al disfrute, la muerte a la propia vida.

La vida fue inventada para ser felices y, a veces, nos empeñamos en seguir caminos que no nos llevan a ello, en cargar con pesos demasiado pesados, que nos someten, que nos matan. Nos avisaron de que en esta vida teníamos que ser alguien, a veces, a cualquier precio, sin pensar que tras el camino acabaríamos moribundos, agotados de intentar ser quién no queríamos ser, sino quien debíamos ser.

No nos avisaron que el precio era muy alto. No nos avisaron de que el precio no se pagaba con dinero, sino con felicidad, que cuanto más intentáramos tener, menos felices íbamos a ser, que se apagarían las sonrisas. Tampoco nos dijeron que iba a ser tan difícil unir lo que a uno le produce felicidad y lo que a uno le da de comer a final de mes. Nos dijeron que lo importante era esto último, pero a qué precio… a qué precio…

Sigo pensando que prefiero ser feliz a vivir una vida amargado por lo que “debo ser”. Prefiero ser rico de otra manera, prefiero levantarme cada mañana con una sonrisa en la boca y un motivo por el que luchar. Llamadme loco, pero prefiero ser feliz a vivir amargado por algo que realmente no quiero hacer. Llamadme loco, pero lucharé hasta la muerte por conjugar placer y deber en una misma palabra.

Porque nadie debería tener que hacer aquello que, en realidad, no le apetece. Porque todos tenemos derecho a levantarnos cada mañana y no estar deseando que termine el día ya. Porque la vida en sí no es complicada, la vida en sí no es puta, pero los humanos nos empeñamos en hacerla así.

Reinventémonos.

Busquemos la felicidad.

Seamos felices sin pensar en nada más.

Ser

A veces nos empeñamos en no ser felices.

Es curioso, sí. Nos conformamos con nuestro estado emocional, con el estilo de vida que llevamos, con el camino que estamos recorriendo. Nos conformamos, a secas. O nos hacen conformarnos, realmente no lo sé. Aunque siempre somos nosotros quienes tenemos la última palabra. Aunque no lo parezca.

A veces nos empeñamos en no querer darnos cuenta de que tenemos la felicidad a la vuelta de la esquina y que lo único que tenemos que hacer es caminar hasta alcanzarla, que no tenemos por qué aceptar lo que tenemos, que llega un momento en el que el pensamiento de “no hay otro remedio” no nos puede valer.

Porque cada ser humano tiene un lugar en la vida en el que puede ser feliz, y ese lugar, esté cerca o esté lejos, es totalmente nuestro, es totalmente alcanzable. Solo hacen falta ganas de luchar y renunciar al miedo a perder. Y es que solo a través de fallos, solo a través de las veces que logremos levantarnos después de haber caído conseguiremos alcanzar lo que nos parece inalcanzable.

Porque lo más importante no es no tropezar, sino saber levantarse después de haber tropezado.

A veces nos empeñamos en asentir cuando queremos decir no, cuando simplemente debemos cerrar los ojos, respirar y tomar nuestras propias decisiones. Elegir el rumbo que creemos conveniente y dar algo más de protagonismo a lo que nos dice ese que late, callar las voces que vengan de otras partes. Porque la razón nos mantiene vivos, pero a un precio demasiado alto, nos ahoga y nos atrapa, nos encierra en una jaula demasiado estrecha como para poder liberarnos.

A veces creo que nos hemos perdido. Nos hemos perdido a nosotros mismos, aquello que queríamos llegar a ser, todos aquellos sueños que algún día quisimos alcanzar, todas aquellas batallas que quisimos librar.

Todo por querer tener una vida que se olvidó hace tiempo de que lo importante no es lo que tenemos, sino lo que somos.

Queda conjugar los verbos ser y tener en uno solo. Ser aquello que quieras ser, tener lo que eres sin que otros piensen que es una absurda tontería o que ya no estás para estas cosas.

Yo, mientras tanto, seguiré intentando ser feliz aunque me cueste la vida llegar a conseguirlo. Y cuando llegue… miraré los tiempos oscuros y me reiré a carcajadas.

Porque fueron un paso más para llegar a aquello que quise alcanzar.

Simplemente sonreír

Ya da igual… El miedo ya pasó… Ya no hay dudas, ya no hay temor. Y es que, ¿qué más queda por perder? Parece que nada. Ha pasado demasiado el tiempo, demasiado, las almas se han ido vaciando de ese fulgor que las unía al principio, de esa fantasía, de esa magia, de esa mística que parecía que no se iba acabar, que parecía que iba a unir las almas hasta el infinito, hacia el universo más lejano.

Se acabó la mierda que siempre me acompaña, el silenciar la voz que grita desde el interior pero que no quiero que salga, el andar haciendo el tonto juntando letras que no van a ninguna parte, el soñar despierto todo el tiempo lo que hubiera pasado si, lo que quiero que pase, lo que pasará, lo que no va a pasar, soñar… y no hacer de una jodida vez los sueños realidad. Y es que los sueños no se hacen realidad soñándolos.

Me canso, todos nos cansamos y no se llega a ninguna parte. Falta la chispa de la vida, el que me importe un rábano lo que se piense o se deje de pensar, lo que digan o el qué dirán, lo que vaya a provocar lo que haga. Dos días dura la vida y tengo que dejar de pensar en cosas sin importancia.

Diré te quiero a quién quiera y seré feliz haciéndolo, nada importará después, no importarán respuestas, vacíos, sonrisas o caricias.

Solo sentir que no he perdido el tiempo, solo así seré feliz. Simplemente sonreír.

El infinito ya vendrá después.

La vida puede ser maravillosa

Siéntate, ponte cómodo, suelta toda la tensión que puedas tener dentro.

Levanta la cabeza, mira a tu alrededor, cierra los ojos y respira profundamente.

No dejes que nada ni nadie pueda entrar en tu mente durante unos segundos.

 

Pero ante todo relájate, porque no hay nada en el mundo que te pueda quitar este instante de felicidad.

 

Olvídate de los problemas durante este instante, ya habrá demasiado tiempo para pensar en ellos.

Piensa un instante en esos momentos felices, esos recuerdos inolvidables, porque la vida está plagado de ellos y solo por esos momentos vale la pena vivir.

Respira profundamente y sonríe, deja que el ambiente se llene de calma y felicidad.

 

Pero ante todo relájate, porque no hay nada en el mundo que te pueda quitar este instante de felicidad.

 

Y recuerda que la vida puede ser maravillosa.