La larga espera

Los primeros rayos de Sol de la mañana atravesaron los pequeños agujeros de la persiana y le dieron en toda la cara. Abrió los ojos despacio, cabreándose con el astro rey por querer despertarle.

Fue entonces cuando le vino todo a la cabeza.

Se acordó de su figura caminando por la calle en dirección opuesta a él, se acordó de cómo se alejaba, y de ese efímero instante en que se giró, sonrió levemente y agitó la mano en un signo de despedida.

Fue entonces cuando recordó que ella no estaba.

Y que tardaría mucho en volverla a ver.

Quizá solo unos meses, pocas semanas. Para él, toda una eternidad.

Porque no había un solo segundo en que no deseara estar con ella, porque el tiempo se volvía lento y pesado, porque necesitaba estar con ella, bastaba solo con sentir su presencia y poder observar lo guapa que era, esa melena, esos ojos, esos labios…

Ella, solamente ella le hacía falta para ser feliz.

Y ahora que no estaba  no podía soportarlo. A partir de ahora se tendría que consolar con soñar con ella, los sueños se convertirían en su salvación. En ese mundo mágico sí podría tocarla, acariciarla, besarla… y todo parecería tan real… aunque lamentablemente no lo iba a ser.

Aunque algún día ella volverá a caminar hacia donde él está, no le dará la espalda, se mirarán a los ojos y se dirán con esa mirada todos los te quieros que no se han podido decir. Llegará el día en que se volverán a encontrar y ese día hará olvidar todos esos días que han pasado en soledad, ella sin él, él sin ella.

Llegará el día en que no se vuelva a recordar la larga espera.

Esperar

Dicen que cuando alguien quiere a una persona sería capaz de esperar toda la vida por ella, que el amor es eterno, que no se cansa de esperar, que siempre está ahí, atento a cualquier cambio en la situación. No sé si quien dice eso ha estado enamorado alguna vez, si ha tenido que esperar alguna vez por una persona que quería, si esa persona le daba largas y seguía esperando, por si acaso algún día salía de sus labios ese ansiado te quiero.

No lo sé, pero lo dudo mucho.

Lo dudo mucho porque ahora soy yo el que está esperando, esperando a que me mande todas las señales necesarias para que yo sepa que sus miradas son de deseo, esperando ver si me está contando o no la verdad con sus palabras, esperando a que cuando yo le diga “te quiero” ella me diga seguro “y yo también”.

Y la verdad, me cansa esperar.

Me cansa porque vivimos en realidades diferentes y no tengo todo el tiempo que desearía, me cansa porque a veces me desconcierta y si un día pienso que me mira, al otro está cabizbaja, me cansa porque la deseo y siento que estoy perdiendo el tiempo, un tiempo que podría estar aprovechando rodeado de sus brazos, acariciando su piel morena, rozando esos labios con los que tanto sueño por las noches…

De momento lo seguiré intentando, seguiré estando ahí porque la quiero y no sale de mi cabeza, pero siento que la cuenta atrás ha empezado, que mi amor pronto se irá y no volverá y el único remedio para todo esto es lanzarme ya, aún sin tener la certeza que de sus labios salga un “te quiero” pero me da igual, me da igual porque el reloj me revienta, porque su “tic, tac” no sale de mi cabeza.

Se acaba mi tiempo, se acaba la espera.

Aquí estaré esperándote

Ahora que estoy sólo, ahora que estoy apunto de perderme entre la fantasía de mis sueños, ahora que todo está en silencio y puedo escuchar hasta mis propios pensamientos, pienso en ti.

No pasan por mi mente los recuerdos tristes ni las discusiones que hemos tenido por cosas que minutos después ya no importaban, discusiones que terminaban con un dulce beso en los labios y alguna lágrima en nuestra mejilla.

Sé que tardaré en verte, que mi piel ya no se erizará cuando tú estás cerca, que nuestras miradas tardarán meses en conectar como si tuviésemos la misma mente, los mismos pensamientos, los mismos sueños, ilusiones.

Miro a través de la ventana, la noche está rasa y estrellada y me consuela pensar que el mismo espectáculo celeste que estoy viendo yo también lo estás viendo tú, que esta luna que se presenta redonda, grande y blanca la puedes estar mirando tú en este mismo instante, y pienso…

¿Cuándo volverás?

¿Cuándo podré abrazarte como si no hubiera nada más en este mundo?

¿Cuándo podré darte un beso en esos pequeños labios que me hacen enloquecer?

Aquí estaré esperándote, aquí, en mi ventana, a la tenue luz de la luna.