Cuando reía emitía el sonido más bonito del mundo.

Era cálido y agudo, silencioso a la vez, como un pájaro en mitad del bosque, viento y sonrisa, paz, vida y luz.

Cerraba los ojos y se tapaba la boca, como si en realidad no se atreviera a volar, y para mí se paraba el tiempo, se me hacía más lento. Reía a cámara lenta y yo me fijaba en todos sus detalles.

En sus arrugas, que contaban historias de guerra y soledad, de pobreza y tempestad.

En sus ojos hundidos, quizá agotados de llorar, quizá de mirar el mundo como nadie lo hacía jamás.

En su cuerpo escuálido, cansado de tanta pelea, de cuidar y vigilar, de temblar y batallar, de luchar por todos los que estan a su alrededor.

Reía en color sepia, pues cuando lo hacía volvía a ser pequeña, a tiempos de no pensar, de dejar la mente en blanco, de imaginar tantos futuros como estrellas se pueden contar. Reía en color sepia porque en ese color estaban muchos con los que hablaba del verbo amar.

Aquellos que ya se habían ido.

Reía y después suspiraba, miraba el vacío con nostalgia, y yo la imaginaba joven, rodeada de malvados, de aquellos que por soberbia los habían callado. Y era lágrima sin agua porque se había acostumbrado a no llorar.

Cuando reía emitía el sonido más bonito del mundo y ese silencio era el más dolorso.

Así que dormía para escapar. Y yo la imaginaba de niña, corriendo por un gran campo verde, con los cabellos dorados de princesa, con nadie que le pudiera hacer daño.

La imaginaba libre, como deben estar los pájaros, como debía estar ella.

Como sé que ahora estará.

 

 

 

Mi abuela

Mi abuela era una de las personas más importantes que había para mí, unaabuela mujer maravillosa y singular y con la que daba gusto estar.

Era cascarrabias, como seguramente lo serán todas pero el amor que nos tenía, a todos nosotros, a toda su familia, le salía por los cuatro costados. Nunca te hacía una mala cara, siempre con una media sonrisa en su rostro, aunque hubiera hecho algo malo no me gritaba ni se enfadaba, me cogía por los hombros, se agachaba un poco para estar a mi altura y me decía:

-No lo vuelvas a hacer. Sigue leyendo