La vida a través de la pantalla (1) | Tercera opinión

Ocho de la mañana. Suena la alarma con un ruido estridente que te recuerda que tienes obligaciones, que no puedes seguir calentito en la cama, que te tienes que levantar.

Apagas la alarma y, aún medio dormido, empieza lo que yo llamo “La ronda de la consulta”. Instagram, Facebook y Twitter en bucle y, finalmente, te quedas en este último hasta que ves el último tweet que viste justo antes de dormir. Ya estás tranquilo, lo has visto todo, no te has perdido nada y el mono se desvanece por unos instantes. Has perdido veinte minutos de vida y el día acaba de empezar. Magnífico.

Este soy yo cada día.

Y es una verdadera mierda.

Vivimos una época en que el enganche a las pantallas nos convierte en meros muertos vivientes que viven por un like o tener más seguidores. Es la droga del siglo XXI, la droga por la que tenemos más mono, de la que dependemos más. La droga que nos puede conectar al otro extremo del mundo y nos desconecta de la persona que está a nuestro lado. Vaya mierda, ¿no? Estar más pendientes de algo que ni nos va ni nos viene y dejar de lado todo lo importante.

Y es que ¿quién no ha cogido el móvil alguna vez en una cena o en esa cita tan importante? ¿Quién no ha estado más pendiente de la pantalla que de lo que te dice esa persona que te está hablando?

Lo peor es que nos estamos perdiendo la vida, nos empeñamos en mirarla a través de la pantalla cuando, simplemente, debemos alzar la cabeza y darnos cuenta de cuan bonito es todo para disfrutar de lo que estamos viviendo.

Nos hemos vuelto locos cuando grabamos un concierto en lugar de bailarlo, cuando hacemos mil fotos de ese momento que llevamos tanto tiempo esperando. Todo eso caerá en el olvido, joder, se quedará en un rincón abandonado en la última carpeta del ordenador.

Dediquémonos a vivir el momento, a crear recuerdos emocionales, no físicos.

Lo cierto es que me doy rabia cada vez que tengo la necesidad de hacer La ronda de consulta. Lo hago tantas veces que, en ocasiones, no hay nada nuevo que consultar. Me da rabia que, a veces, mi autoestima dependa de los likes. Me da rabia darme cuenta de que pierdo horas y horas cada día en algo que no me aporta absolutamente nada, en ver un mundo que no existe, en tener envidia de vidas que son mentira.

Porque la única verdad es que todo es mentira.

No somos como aparentamos ser.

No somos tan felices, ni estamos siempre tan guapos.

Lo sabemos y, a pesar de ello, nos lo creemos todo y nos dañamos continuamente.

Esto es el siglo XXI, el de vivirlo todo a través de una pantalla y no saborear la verdadera realidad. ¿Bonito? No lo sé. ¿Estúpido? Desde luego.

Pongo punto final a este texto que escrito con boli y papel, con el móvil en otra habitación para evitar tentaciones. Salto del sofá y camino rápido hacia el aparato. Necesito ver si tengo alguna notificación, si alguien quiere saber de mí, si tengo algún like más, si soy más popular, si el mundo me quiere, si soy importante para alguien.

Un par de mensajes en whasap sin importancia, un buen puñado de likes en Twitter, Instagram y Facebook. Suspiro aliviado. Todo eso hubiera podido esperar, nada es verdaderamente importante o urgente. Pero yo ya me siento más tranquilo.

Ya me he quitado el puto mono que llevo sintiendo todo el puto rato.

¿Y vosotros/as? ¿Cómo os sentís respecto al uso de la tecnología?

Pisar aquel bosque donde sucedieron las mejores historias, aquellas de iniciales talladas a cuchillo y tardes de mantel.

Caer rendido a la luz que se filtra entre los árboles, sentir como da calor a cada centímetro de la piel y cerrar los ojos, pensando en que hubo otros tiempos en que el calor me lo daban tus abrazos.

Caminar entre la hierba y las hojas que rondan el suelo, escuchar las voces de animales curiosos que me rondan y susurran los cuentos que aún no se han contado.

Respirar, tan hondo que por un momento se agolpa todo el aire y me atonta, tal vez ese mismo aire que tú un dia expulsaste hasta quedarte sin aliento, después de jugar al juego de perdernos.

Gritar hasta quedarme sin voz, hacer volar a los pájaros de miedo y luego sentarme, agotado, justo en aquel lugar donde empezó todo.

Donde me cogiste por la espalda y los segundos fueron lágrimas de arena.

Donde rocé tus labios tan lento que, desde entonces, siempre tengo ganas de más.

Y aún no se han marchado, a pesar de la ausencia, a pesar del olvido, a pesar de mí.

Aún no se han marchado las ganas ni los miedos, ni los nervios pensando que algún día volverás.

Mariposas, mentís tan perfecto que os odio, lo hacéis tan bonito que os quiero.

Me hacéis tan ingenuo que muero.

 

 

A veces

A veces quiero contarte que me va genial, que hace un tiempo que vivo en esa calma de la que te hablaba cuando estábamos bañados en sudor, exhaustos.

A veces escucho una canción y quiero hablarte de ella, contarte lo que he sentido y que me mires sonriendo, como aquellas veces en que cada uno nos poníamos un auricular y cerrábamos los ojos dejándonos llevar.

A veces quiero decirte que he cumplido un par de sueños, aquellos que te contaba mientras te hacías la dormida. Tal vez eran tres, o tal vez cien, ha pasado ya tanto tiempo que quizá sea esa la cifra. Sé que te encantaría saberlo, que te hubieses alegrado por ello.

A veces quiero preguntarte qué tal, simplemente, que hables durante horas sobre ti y yo, mientras tanto, mirarte en silencio. Saber de ti, joder, saber que estás bien, que eres feliz.

Que, aunque te jodí, eres feliz.

Que, aunque te hice daño, seguiste adelante.

Que, aunque la cagué, fuiste mejor que yo.

A veces quiero hacer tantas cosas que ya no puedo hacer porque fui imbécil que me tiro de los pelos, me los arranco uno a uno y los piso hasta el desquicio. Estar contigo en silencio, mirarte a los ojos, darte el abrazo más largo del mundo.

Que me digas que todo saldrá bien.

Pero ya solo queda el silencio, los restos carbonizados de lo que fuimos, el eco de todos aquellos gritos que gritamos felices, el polvo que, poco a poco, irá desapareciendo.

Hasta que ni siquiera me recuerdes.

Como si nada hubiese sucedido. Quién sabe si me lo estoy inventando, quién sabe si mis propios destrozos no provocaron mis propias derrotas.

A veces me miento en todo aquello que quiero olvidar.

A veces, o siempre.

Rosa y Manuel – Andrés Suárez (Mi canción de la semana XXIII)

¡Hola a todos/as! ¿Qué tal septiembre? Me encanta este mes, creo que marca el cierre de una etapa y el inicio de otra. Siempre he considerado que año nuevo se enmarca mejor en esta época que en enero. En enero todo continúa, en septiembre todo cambia.

Este septiembre para mí está significando más un alargue del verano que el inicio de una nueva etapa, la cual vendrá en octubre. Durante ese mes volveré a Barcelona a trabajar como docente y, mientras tanto, sigo en el bar en el que llevo trabajando desde hace un par de años. Además, sigo con las presentaciones de mi novela, La chica de las mariposas. La de mi pueblo fue genial, nunca me he sentido más arropado por lo míos e incluso gente con la que no había hablado en la vida me felicitó. He tenido la inmensa suerte de presentar en Madrid, cosa que no hubiera imaginado nunca, este sábado toca en Alicante y pronto, tal vez, tocarán Barcelona y Valencia. No sé qué más puedo pedir.

Pero bueno, no he venido hoy a hablar de mi libro, eso lo hago aquí, hoy os traigo una nueva canción, un tema que llevo escuchando desde hace años, pero del cual me decido a hablar ahora. Hoy os traigo una canción que es melancolía y recuerdos, tristeza, de esas de cerrar los ojos y pensar en qué sucedería si algún día olvidaras la historia de tu vida. Hoy vengo con una inmensidad llamada Rosa y Manuel, de Andrés Suárez.

Descubrí a Andrés cuando en los relacionados de Youtube me salió una de las canciones andres_suarezde la serie “Canciones que no debí componer“, algunos temas que el artista dejó solamente en esta plataforma. Recuerdo que a mí no me gustaba especialmente la música de autor. Había intentado escuchar sin mucho éxito a otros cantautores como Ismael Serrano o Sabina y, realmente, no me decían nada. Pero noté en Andrés algo distinto, era dulce y tenía una enorme fuerza a la vez, parecía que me cantaba a mí, que directamente hablaba de mí, que sentía sus canciones de verdad.

Rosa y Manuel habla de una de las enfermedades más aterradoras que creo que existen: el alzhéimer. Y es que, ¿puede haber algo peor que olvidar todo aquello que has amado, ir a esos lugares que cuentan tu historia  y no reconocerlos, mirar los rostros de aquellas personas por las que diste la vida y no saber quién son, amar a alguien y no saber por qué? Me parece lo más horrible y triste que puede pasar en el mundo. Ya lo dice Andrés justo antes de arrancar a cantar: “va más allá de la propia muerte”. Ya lo creo. Cuando mueres se acaba todo, cuando olvidas, simplemente, no entiendes nada, mueres por dentro y solo quedan los restos de lo que un día fuiste.

El mismo Andrés cuenta la raíz de esta canción. Rosa y Manuel son, en realidad, Soledad y Mundo, los abuelos del propio artista. Cuenta Andrés que cuando Mundo murió, cuando se fue “a recordarlo todo”, Soledad se encontró un papel en su habitación con una sola línea escrita: “recuerda, tú que puedes”. Y joder, me parece que esa frase resume todo: la enfermedad, el amor, lo que debería ser. Recuerda, tú que puedes, recuerda nuestra historia para que no quede en el olvido, recuerda tan fuerte lo que fuimos para que, de alguna manera, los recuerdos sigan en mí, recuerda por mí todo cuanto yo no puedo recordar.

La canción no es solo bonita por la historia que cuenta. El tema comienza con un tarareo que parece, más bien, una canción de cuna que evoca nuestros propios recuerdos, todas aquellas historias que no querríamos olvidar, que nos hace cerrar los ojos y empezar a caminar de su mano. Luego canta a susurros, aún solo acompañado de su guitarra, con la que nos sitúa en el escenario de la historia, con la que ya sabemos que Manuel se ha hecho pequeño, que ya no recuerda, que ya no depende solo de él, que ya no es el rey de ese palacio. Y lo siente.

andres-suarez-bioEn ese cerrar de ojos vemos a Rosa recoger ese papel, leerlo y apretarlo contra el pecho, ese “recuerda, tú que puedes” que dice todo. Y joder, ¿qué haríamos nosotros?

Pues lo que hace Rosa cuando aparecen cuerdas y piano en escena y la canción empieza a hacerse enorme: enseñarle las fotos que cuentan su historia, hablarle de ellos dos, cuidarlo como le enseñó su corazón, a pesar de que él no responda, a pesar de que no sepa quién es, arreglarse como si tuviesen 15 años y fueran a tener su primera cita.

Recordarlo todo por los dos.

La canción sigue haciéndose grande gracias a la suavidad de Andrés al cantar, gracias a la fuerza que siguen dando cuerdas y piano. Seguimos con los ojos cerrados cuando habla Manuel y dice que el dolor desaparecerá cuando él se marche a recordarlo todo, que entonces será cuando, por fin, será él quien cuente su historia. Que le pedirá perdón por todo aquello que ha olvidado. ¿Os lo imagináis? Darse cuenta de que los recuerdos se desvanecen, que lo intentas con todas tus fuerzas y no eres capaz. Que tú mismo/a te vas desvaneciendo con ellos porque se llevan parte de ti.

No sé quién lo pasa peor: si la persona que olvida o la persona olvidada.

Y por último, el apoteósico final. Ese tarareo de cuna que vuelve para calmarnos y con el que parece que flotamos y esa subida al cielo con la que es imposible no estremecerse y temblar, ese adiós final que, más bien, es un hasta luego porque Rosa y Manuel algún día se reencontrarán y podrán recordarlo todo.

Andrés Suárez tiene canciones maravillosas, este Rosa y Manuel es solo una de ellas. Yo me quedaría con Benijo, de la cuál tenéis aquí el análisis y que, creo, es mi canción favorita de siempre. Pero también os recomendaría una y mil veces temas como Tengo 26, Más de un 36, Piedras y charcos o Hay algo más. Aunque debo decir que, últimamente, la música de Andrés me está decepcionando, suena a tópico pero creo que ha dado un giro mucho más pop y comercial y que sus canciones han perdido la fuerza y magia que tenían al intentar agradar a todo el mundo. Es una simple opinión, supongo que los artistas deben evolucionar y no quedarse anclados en lo de siempre, pero yo me quedo con el Andrés de Moraima y discos anteriores.

Tuve la suerte de que fue en esa época cuando vi a Andrés en concierto en Almería, fue una noche súper íntima y en la que el músico estuvo en permanente interacción con el público y cantó con todas sus ganas y fuerza, así que solo con eso ya me dejó eternamente feliz.

Y nada, aquí lo dejo, espero que terminéis este septiembre de manera genial, que los cambios que os haya traido estén siendo para bien y, si no, que poco a poco vayáis recuperando el rumbo perdido.

¡A seguir escuchando mucha y buena música!

Andrés Suarez (Ferrol, 16 de abril de 1983) es un cantautor español.


A los catorce años monta su primer grupo en su ciudad natal, Ferrol (Galicia, España). Desde entonces pasa por distintos grupos de pop y rock hasta viajar a Santiago de Compostela. Allí se hace cantautor, actúa por los locales de la zona vieja y graba su primer disco, De ida, con una distribución de casi tres mil copias y que le lleva de gira por todo el país.

Se marcha a vivir a la capital de España y de la Comunidad de Madrid, Madrid ese mismo año y, en el Café Libertad 8, conoce a Tontxu, famoso cantautor español. Éste decide estrenarse como productor musical con el nuevo disco de Andrés, Maneras de romper una ola, que le lleva un par de años. Finalmente sale en el año 2008. Con este trabajo consigue vender, sin apenas promoción, casi cinco mil copias, además de recorrer buena parte de las salas de conciertos de toda España dando conciertos y recitales.

El día 4 de octubre de 2011 comienza la promoción de su tercer disco, Cuando vuelva la marea, cuyo primer single se titula Lo malo está en el aire.

El 16 de Abril de 2013 se publicó el nuevo álbum, llamado Moraima el cual hace referencia a un nombre de mujer, el mismo Suárez afirma que “La música es mujer”

El 2 de junio de 2015 se puso a la venta su álbum Mi pequeña historia, alegando que se había “quedado vacío” en cuanto a sus sentimientos, ya que habían sido publicados en este disco.

El día 26 de mayo de 2017 publica su séptimo álbum llamado Desde una ventana.

El día 5 de octubre de 2017 publica su primer libro titulado Más allá de mis canciones.

El día 31 de agosto de 2018 publica mediante distribución digital una versión de su canción Tal vez te acuerdes de mí (incluída en Desde una ventana) junto con Nina, de Morgan.

Vía Wikipedia


 


Tu nombre es una planta que hay delante del portal aún lo recuerdo / El nombre de la calle se parece al del mantel pero al revés / La playa que hay a un lado debería contar algo / que hicimos de jóvenes / Te veo tan bien / Supongo me miras extraño por no hacer de rey de este palacio / no conocer el reino pues ayer tuvieron que irme a recoger / a una casa arruinada creo que vio nacer a alguien y hoy te juro no sé quien es / A veces alguien llora mientras duermo / y Rosa aprieta el pecho contra el tallo / y Rosa se marchita en un papel / que se encontró limpiando entre caricias y recuerdo que firma bajo Manuel:

“Recuerda tu que puedes” / “Recuerda tú que puedes”

Y ella le enseña las fotografías / y él le pregunta ¿este niño quién es? / Y si Manuel se nubla ella lo abriga y hasta olvida que ayer le enseño a comer / Y el niño de la foto ya ni asoma / cansado que vivir no es responder / Y rosa que aún se arregla cada tarde le asegura mañana sabrás volver / al hogar que hicimos juntos media vida y en el sueño habla Manuel:

Amor se te olvide la pena / cuando un día me duerma / y se acabe el dolor / y te hablaré de todo / No olvidare los pasos / bailando en el salón / te pediré perdón por olvidarme / de nuestra fecha amor / Y me vestiré solo / Y correré hasta el parque / donde un niño en la tarde conmigo se enfadó / por no devolver el beso, el abrazo / que llorando me dio

Amor / y cuidarás los rosales / que planté antes del viaje / les cantaras por mi cualquier canción / Amor / y volveré cualquier tarde / para conmigo llevarte / y no recordarte tanto
corazón / adiós

Silencios

Cómo joden los silencios cuando son inesperados.

Cuando quieres hablar y no te sale la voz porque hay sentidos que te la quitan, y gritas tan alto que te ensordeces a ti mismo pero nunca al mundo, porque ellos solo escuchan cuando quieren escuchar.

Cómo joden los silencios cuando creías que había alma y también vida, cuando caminábais sobre seguro y, al instante siguiente, nadie te acompaña.

Cuando el tiempo va pasando y te das cuenta de que nunca volverá esa voz, que olvidarás todos sus agudos y sus graves y hasta cómo se reía.

Joder, su risa.

La escucho ahora mismo si cierro los ojos, si rebusco un poco allí donde ahora hay oscuridad, si intento parar el tiempo, congelarlo por un instante.

Y es una mierda, porque la última vez que la escuché reír no sabía que era la última.

Cómo joden los silencios cuando alguien lo era todo.

Y la indiferencia. Cuando ves a esa persona y no le dueles, cuando querrías dar el paso y te chocarías frente a un muro, cuando mira a otra parte. Es aterrador saber que todo ese tiempo no valió absolutamente para nada.

Que detrás de vuestra historia, solo queda vacío.

Que es tan fácil olvidar, como haberse conocido.

¡Mi primera novela! | La chica de las mariposas

¡Hola a todos/as! Sí, ya lo había dejado caer en una entrada anterior pero hoy vengo a hablaros específicamente de ello: acaba de salir a la venta mi primera novela publicada.

Bueno, qué fácil es escribirlo y qué difícil ha sido llegar hasta aquí. Quien lleve por este blog un tiempo, sabrá que uno de mis sueños desde hace años ha sido el de publicar una novela. Llevo escribiendo novelas (o intento de novelas) desde los quince años. Empecé con una historieta horriblemente escrita sobre un vampiro que quería conquistar el mundo en la cual no había imaginación ninguna. La historia imitaba una novela sobre zombies que había leído en el instituto, los nombres de los personajes eran de personas de mi alrededor y la corrección gramatical y ortográfica brillaba por su ausencia.

Pero por algo se empieza. Descubrí que aquello me gustaba y me entretenía muchísimo. Coincidió con la época en que me bebía los libros de Harry Potter y la literatura me empezaba a gustar, así que poco a poco fui mejorando y mi campo de visión se fue ampliando.

Han pasado doce años y en medio hay 4 novelas más. Y diréis: ¿dónde están? En un rincón olvidado de mi ordenador, por supuesto. Las novelas que he escrito a lo largo de estos años me han servido para mejorar muchísimo, pero soy consciente de que no son buenas o, al menos, no tienen el estándar de cálidad que yo mismo me quiero imponer para que vean la luz. No quiero publicar cualquier cosa porque el fin no es publicar en sí, el fin es crear algo que, primero, me emocione a mí y, luego, emocione a los demás, que un producto que lleva mi nombre sea de calidad, al menos bajo mi punto de vista.

¿Cómo sucedió?

La chica de las mariposas es la primera novela con la que acabé totalmente satisfecho y con la que, por fin, me vi con fuerzas para intentar publicarla. La veía como el final del camino de todos los años que había dedicado a este blog, de todo lo que me había dejado en él. Las demás novelas eran yo contando cosas, narrando. Esta soy yo exprimiéndome al máximo. Quizá por eso tardé tres años en escribirla. Por eso o por que siempre voy con mil cosas a la vez.

La envié a varias editoriales y ni siquiera recibí un “no” por respuesta, cosa que dice mucho más de ellas que de mi novela. Me parecía un desperdicio que no fuera a publicarse, pues me creía que era lo mejor que había escrito nunca y que realmente merecía la pena que la gente la leyese, pero mi ánimo y las posibilidades que tenía de hacerlo iban remitiendo.

Y entonces pasó. Estaba con unos amigos de viaje en Viena y uno me pasó un tweet en el que una chica (la que sería mi editora) buscaba gente a la que le gustara escribir. ¿Qué podía perder? Nada, claro, así que me interesé y resultó ser una nueva editorial que buscaba novelas que publicar.

He de decir que, vistos mis resultados anteriores, envié la novela más por inercia que por esperanza. Al final, el vacío que me habían hecho las otras editoriales iba dejando huella en mi ánimo y ya estaba pensando más en qué iba a ser lo siguiente que iba a escribir que en seguir enviando el manuscrito a alguna parte.

Y pasó. EL MAIL, en mayúsculas, diciéndome que la novela había gustado y que estaban interesados en publicarlo. Suspiro, suspiro, corazón a mil, grito ahogado y… cautela. Antes he mentido, hubo editoriales que sí me contestaron para decirme que les interesaba mi novela, pero cuál era mi sorpresa cuando me decían que tenía que pagar yo por imprimir los ejemplares, distribución o publicidad de la misma o que ni siquiera iban a corregirla. Pocas cosas me enfurecían tanto, porque si tanto confiaban en mi novela, si tanto les había gustado como decían, ¿por qué no apostar al todo por ella? Me cabrea la gente que se quiere aprovechar de la ilusión de la gente.

Una vez revisadas las condiciones me di cuenta de que no, que esta vez iba en serio, iban a apostar por mi novela como yo siempre había querido y, desde el principio, tuve la intuición de que se iba a hacer un buen trabajo, que la iban a cuidar y mimar, cosa que, realmente, era lo único que yo quería. No había pasado yo tres años de mi vida escribiendo como para que, ni siquiera, fuera corregida, como me ofrecían en otros lares. Publicar sí, pero no a cualquier precio, no en mi nombre.

El proceso

A partir de aquí nos pusimos a trabajar. Se envió la novela a una Sensitive Reader porque la novela trata algunos temas complicados y, junto a la editora, me marcaron las directrices que, bajo su punto de vista (que también sería el mío) harían la novela mejor. Y es que ese es el proceso de edición que, realmente, debería haber siempre. Yo ya sé maquetar una novela, para hacer eso me autoedito, lo realmente importante es que mejoren tu novela, que te aconsejen en el proceso y llegue de la mejor manera al lector.

Eso hicimos durante meses, trabajamos codo con codo observando fallos y virtudes, corrigiendo aquello que no cuadraba y haciendo la novela más leíble. Y es que al final, por mucho que tú leas y leas, nunca llegarás a ser tan objetivo como una persona ajena a ti.

Y la portada, tema aparte. La editora y yo coincidimos desde el principio en lo que queríamos (en realidad, coincidimos en casi todo lo relativo a la novela, suerte inmejorable) y, una vez le comenté a la ilustradora la idea de Ara que tenía en mente, la supo plasmar a la perfección sobre el papel. Yo tenía una idea, pero ella la mejoró, dibujando una imagen mucho más nítida que la que yo tenía en la mente.

Realmente, todo este proceso fue agotador, pero necesario para que la novela llegara al lector tal cual la queríamos, para que estuviéramos orgullosos de ella.

El resultado

Y lo estamos. Creo que La chica de las mariposas es una buena novela, con sus virtudes y defectos, pero una buena historia, al fin y al cabo. Creo que, dentro del mar de historias que se publican cada año, esta se desmarca e intenta ser diferente. Al menos lo hemos intentado. Por mi parte, no quería hacer algo olvidable, una novela que, cuando la acabaras, la miraras con indiferencia y la dejaras en un rincón olvidado de tu estantería, sino algo que te hiciera pensar, reflexionar y, sobretodo, sentir. Porque, al final, los libros están hechos para hacernos sentir emociones, creo que es lo más importante.

De momento, en general, la novela está gustando. Siempre quedará alguna opinión que me haga decaer el ánimo porque, es una mierda pero, queramos o no, siempre nos afecta más lo negativo que lo positivo, aunque lo primero sea un mínimo porcentaje. Al final me tengo que quedar con lo positivo, gente con la que no había hablado en la vida diciéndome que ha llorado con la novela, que mi trabajo de tres años se lo han ventilado en dos días porque les encanta cómo está escrita, que es distinta, que emociona, que a ver si hay segunda parte.

Y, si me paro un momento a pensarlo, es maravillosa la reacción que está habiendo, el apoyo que he encontrado en familia, amigos o, incluso, personas que ni conozco. Me parece algo tan irreal lo que está sucediendo que, creo, no acabo de asimilarlo. Quizá sea con el paso del tiempo, cuando eche la vista hacia atrás cuando me dé cuenta de que… hostias, con perdón, he publicado un libro.

¿Y ahora qué?

Ahora seguir escribiendo, pues esto no es más que el principio. Quiero seguir mejorando, porque soy consciente de mis fallos y errores, quiero seguir dándole forma a historias que tengo en mi cabeza, reflexiones a las que quiero dar salida. Quiero sorprender y escribir historias diferentes, desmarcarme y crear mi propio sello, dejar huella con lo que hago, seguir haciendo lo que más me gusta.

Porque, al final, creo que eso es lo que busca todo ser humano: estar en el que considera su lugar en el mundo.


MARIPOSAS-cubierta-final

Sinopsis

Vic se muda a Madrid dispuesto a ser feliz haciendo lo que realmente le gusta, el único modo en el que cree que se debe vivir.

Ara coge cada noche su guitarra y canta sus canciones de concierto en concierto; la música lo es todo para ella y solo se entiende a sí misma cuando suenan unos acordes.

De Logroño o de su pasado, ambos buscan huir.

La vida puede ser un ascenso infinito y una caída libre, dos personas que conectan sin querer o un remedio inesperado a lo inevitable.

La vida puede ser un «para siempre» o solamente «1996».

 

Compra la novela en la web de la editorial: http://roomiediciones.com

Joder con el tiempo, que últimamente es tan caro que lo quiero comprar a puñados y no lo encuentro.

Veloz, la vida que se escurre y tropieza con piedras que dejan su huella al caer, las noto en mi cuerpo, me duelen, las huelo y las siento, son fuego que me ha ardido tanto que aún quema.

Qué duro asimilar que ayer bailábamos hasta el amanecer y hoy sufrimos la derrota, que la noche nos atrapa y nos hace suya, que juega con nosotros y nos remata.

No sé dónde han ido los años perdidos.

Tal vez los tengo en mi mano y no es para tanto.

Tal vez sí fueron aprovechados.

O tal vez se me cayeron sin darme cuenta.

Tal vez los pisé.

Joder con el tiempo, que se está burlando de mí, me hace creerme joven y otras tantas viejo, y nunca coinciden mi sentir con lo que quiero y ni siquiera sé qué quiero: si avanzar o quedarme en el pasado, si vivir de la nostalgia o creerme lo que tengo.

Qué jodido sentirse perdido, haber perdido el sentido cuando creías que lo habías conseguido, cuando habías alcanzado la victoria y el árbitro levantaba tu mano. Cuando el público coreaba tu nombre y te llevaba en volandas.

Todos gritando y tú solo en el ring.

Todos gritando y tú sin escuchar nada.

Todos gritando y tú saltando al vacío.