Favoritos de mayo

¡Hola a todos/as! Empiezo hoy sección. Me apetecía compartir con vosotros/as todas aquellas cosas que me entusiasman cada mes y, sobretodo, que este tipo de entradas se convierta en un espacio para compartir gustos y recomendaciones, así que espero leer las vuestras también.

¡Vamos con ello!


Libro: Cosas que escribiste sobre el fuego – Clara Cortés

Una amiga me recomendó a Clara porque, en principio, se asemejaba mucho a mi estilo de escritura y al tipo de novelas que me suelen gustar en general.

Y no pudo acertar más. 51ar85XdQ0L

Me adentré enseguida en la novela y el estilo de la autora me enganchó. Clara Cortés cuenta las cosas de manera que atrapan, con una prosa preciosa que te anima a seguir leyendo incluso en los momentos en que no sucede nada.

Soy mucho de novelas de personajes. A pesar de que a muchas personas no les convencen, a mí me encanta ver lo que les sucede sin ser necesario que pasen cosas todo el tiempo. Me gusta ver su psicología y su forma de pensar, los sentimientos y todo lo que les envuelve, me parece que eso es incluso más difícil de narrar que una escena de acción, no es fácil meterse de lleno en la psiqué de un personaje, sentir empatía por él.

En Cosas que escribiste sobre el fuego, tenemos a María e Ignasi, dos muchachos que se van conociendo a lo largo de las páginas del libro. Así, poco a poco vamos observando su personalidad, todas sus profundidades, el por qué son así y el hacia dónde van.

Me encanta la tristeza y melancolía que envuelve a la novela, su dureza, su crudeza. Nos muestra que la vida, al fin y al cabo, no es una paseo de color rosa y que en ella encontramos muchísimos grises y matices. Si queréis una novela que te deje con las emociones a flor de piel, no podéis dejar de leerla.

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Película: El gigante de hierro

Cuando nos referimos a animación infantil, y más de los años 90, siempre nos referimos a las mismas: El rey León, La bella y la bestia, Aladdín… Pero existen por ahí ciertas películas que no tienen nada que envidiar a estas pero no suelen estar en el imaginario colectivo.

El gigante de hierro forma parte de ellas. Llevaba tiempo queriendo verla,  y no me ha20140980 defraudado. La historia habla de Hogarth,  un niño que se encuentra un gigante de hierro en el bosque y pronto descubre que es más amigable de lo que parece. A lo largo de la película se nos muestra la amistad y las aventuras que van viviendo y la historia no puede dejarte con el corazón más calentito.

La película es preciosa y hay momentos en que no puedes entender cómo un trozo de metal puede producirte tanta empatía y que desees que todo le vaya bien. Podría decir lo típico de que es una historia perfecta para que los niños valoren la amistad, pero creo que el mensaje debería ser válido también para los adultos. Y es que a veces, con el paso del tiempo, se nos olvidan ciertas cosas que harían de este mundo un pelín mejor.

Además de ser muy emotiva, la película está muy bien hecha en cuanto al dibujo se refiere. Con el paso del tiempo, las películas hechas a ordenador han mejorado muchísimo, pero siempre he pensado que no hay nada mejor que un dibujo hecho a lápiz y papel, creo que todo queda mucho más bonito y con muchos más matices. Lástima que ni siquiera se combine este tipo de cine con el hecho a ordenador.

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Serie/Documental: The Last Dance

No soy mucho de Baloncesto, he de reconocerlo. Apenas veo algún partido al año y solo me emociona si juega la selección española en algún campeonato importante. Pero sí me interesan mucho los mitos de cualquier deporte, y no se puede negar que Michael Jordan es el mito del baloncesto por excelencia.

Este documental hace un recorrido por toda su carrera y todo aquello que la envolvió,the-last-dance-chicago-bulls-michael-jordan desde las circunstancias personales (por ejemplo es muy interesante ver el desgaste mental que supone ser Michael, en cuanto a que no tenía apenas privacidad y su juego y movimientos personales se analizaban al dedillo, como a cualquier famoso, en realidad) hasta todo lo que rodeó a los Chicago Bulls en general (compañeros, entrenadores, trabajadores…) los compañeros que formaron equipo con él.

Como a mí me ha pasado, creo que The Last Dance puede apasionar tanto a los amantes del baloncesto como a los que no. Al final, habla de muchísimos aspectos relacionados con la vida y, además, creo que no se puede desligar la cultura de los años 90 de Michael Jordan. Está bien para entender muchas cosas de nuestra sociedad en general.

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Grupo de música: Smoking souls

Para este punto de la sección he decidido, simplemente, buscar cuál ha sido el artista más escuchado en mi Spotify durante el mes.

En esta ocasión ha salido la banda de rock valenciana. Algún día tengo que hacer un “Mi canción de la semana” de este grupo, pues es uno de mis favoritos. Smoking Souls tiene una fuerza tremenda y es imposible no ponerse a cantar y cabecear al son de sus ritmos. Me dan un montón de vitalidad y los escucho prácticamente todos los días.

Este grupo ha ido poco a poco conquistándome. Los descubrí hace cinco o seis añossmoking-600x350 porque siempre actuaban en conciertos en los que participan otros grupos que me gustaban más, pero ellos no me llamaban mucho la atención. Fue con su disco Cendra i or cuando me conquistaron. Dieron el salto de un rock más duro a uno algo más ligero, acorde con mis gustos y pronto se convirtió en uno de mis grupos favoritos. Con su último disco, Translúcid, ya me han llegado del todo y creo que es el mejor grupo de todo el panorama valenciano.

Además, con ellos fue el último concierto al que tuve oportunidad de asistir antes de que el coronavirus llegara a nuestras vidas, así que no podía haber mejor grupo musical para inaugurar esta sección. Tienen una fuerza brutal en el directo y es una oportunidad perfecta para llenarte de adrenalina y buen rollo, no dejéis de verlos.

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Podcast: Todopoderosos

Todopoderosos es mi podcast favorito. Para quien no lo conozca, es como si tú y tus amigos os sentarais en el salón de vuestra casa y os pusiérais a divagar sobre un tema concreto, sobre todo relacionados con el cine y la cultura audiovisual en general.

A lo largo de sus emisiones han tocado a Disney, Harry Potter, Pixar, Martin Scorsese,1519637126_588528_1519638334_noticia_normal Chaplin o el Estudio Ghibli, y lo hacen de forma tan apasionada y entretenida que me pasaría horas escuchándolos.

Y es que el secreto de Todopoderos es la conjunción entre conocimiento y entretenimiento. Los locutores (Arturo González Campos, Juan Gómez-Jurado, Rodrigo Cortés y Javier Cansado) saben de lo que hablan y hacen un recorrido exhaustivo analizando el tema, pero también aportan toques de humor y hay tanta confianza y compadreo entre ellos que se llevan en volandas unos a otros.

Escúchalo aquí


Y con esto acabo. Debo decir que las secciones no serán fijas, supongo que no todos los meses habrá una peli o serie que me encante y tal vez os quiera contar mi receta favorita, por ejemplo.

Como digo, espero que este sitio se convierta en un espacio de intercambio de recomendaciones y me contéis también las cositas que os han gustado este mes, que siempre me gusta descubrir.

¡Nos leemos!

Vivir el presente

Llevo toda mi vida sin vivir el presente.

No quiero decir que no haya sido feliz, que no haya vivido buenos momentos o que no haya aprovechado la vida, pero pienso que me he perdido una buena cantidad de cosas por andar pensado en el futuro y que me ha preocupado de más por cosas que han sucedido en el pasado.

Esto no va a ser exactamente un canto al “Carpe diem”, pero se le parece.


El futuro

Me he pasado mucho tiempo pensando en los pasos que debía alcanzar para lograr lo que me proponía, para lograr beneficios en un futuro que parecía que nunca llegaba. De la escuela al instituto, de éste a la universidad, de allí a unas oposiciones que me permitieran ser profesor. Paso tras paso durante años para conseguir algo que supuestamente me iba a permitir ser feliz, como si alcanzar ese reto me fuera a suponer el séptimo cielo.

He conseguido ser profesor pero, siendo sinceros, esto no es el séptimo cielo. Soy feliz, pero la vida sigue.

Y es que, si este era mi propósito vital, aquello por lo que llevo luchando toda mi vida, ¿qué pasa ahora? ¿Qué hay después? ¿Qué sucede tras conseguir el reto de mi vida? Nada, no ha habido un cambio radical y me queda mucho tiempo por delante. Me he dado cuenta de que no puedo basar toda mi vida en alcanzar metas, pues nunca me sentiré satisfecho, siempre habrá una nueva que alcanzar.

Otro ejemplo. Mi sueño era el de conseguir publicar una novela. Los pasos podrían asemejarse: años y años de escritura, mejorando para llegar al nivel de poder sacar una historia que mereciera la pena. Escribía pensando en la recompensa, más que disfrutando del proceso. Ahora lo he conseguido, he conseguido publicar, ¿es esto el séptimo cielo? No, tampoco, no soy el culmen de la felicidad, pues después de publicar viene el vender mucho, conseguir gustar a tus lectores, más eventos, más, más, más.

Mi felicidad se ha basado en el “siempre más”.

Soy muy contrario a lo Mr. Wonderful y “happy flower”, pero en este caso creo que tienen razón: la felicidad se basa en el presente.

Sí, puedo alcanzar metas, puedo lograr los objetivos que me proponga, pero si no disfruto del presente, si me preocupo en exceso por lo que me sucederá en el futuro, al final acabaré la vida y me daré cuenta de que no he sido feliz.

Por supuesto que en el futuro hay incertidumbre y aspectos que nos pueden llevar a la precoupación en el presente, pero si te paras un momento a pensarlo, las cosas que te pueden preocupar no se acaban nunca.

Y es que, cuando solucionas un problema, siempre aparece otro en el horizonte.

En el horizonte, repito. ¿Por qué no disfrutar todo ese espacio de tiempo existente entre problema y problema? ¿Por qué no dejar que nuestro futuro “yo” se ocupe de él?

No quiero decir que carguemos a nuestro futuro “yo” de todos nuestros problemas, quizá hay cosas que se pueden solucionar o suavizar desde el presente. Pero la mayoría de veces nos cargamos de preocupaciones que de ninguna manera tienen solución ahora.

El pasado

¿Qué sucedio aquella noche de diciembre de 2013? ¿O aquella mañana de 2007? ¿O ese verano de 2011?

Vivimos en un constante volver a hechos en que creemos que actuamos mal o la cagamos. Cruzan nuestra cabeza mil veces al día, nos tiemblan las piernas de pensar por qué hicimos esto o lo otro y nos entran escalofríos al recordar lo imbéciles que somos.

Pero por mucho que lo pienses, nada va a cambiar.

Y, probablemente, solo tú te acuerdes de los hechos, seguramente al día siguiente todas las personas que estuvieron implicadas vivían felizmente sus vidas.

Joden, lo sé porque cada día pienso en momentos en que la cagué, vuelvo e intento entender por qué lo hice mal, intento cambiar mi comportamiento y hacerlo de otra manera y todo sale espectacularmente bien. Lo hago en sueños, claro, porque no puede ser de otra manera.

Supongo que el problema viene por esta maldita sociedad que condena constantemente los errores y no nos hace ver que éstos sirven para aprender, para mejorar, para sacar mejores versiones de nosotros mismos. Y vuelve, siempre vuelve, aparece en tu cabeza como si fuese un mal horrible que haya cambiado el transcurso de la historia.

Pero ya te digo, los errores solo son piedras en el camino, no males que cambien el mundo a peor.

Es una mierda porque al final también nos impiden disfrutar del presente. Yo ahora mismo, como profesor, por ejemplo, hago muchas cosas mejores que las que hacía hace diez años, pero me empeño en centrarme en las cosas en que fallé en lugar de darme a mí mismo dos palmadas en la espalda y decirme “oye, lo estás bien”.

Nos acompaña más tiempo un error que una buena actuación.

Pero la vida sigue y esos errores se esfuman rápidamente.


Llevo tiempo intentando cambiar esto, intentar vivir más el presente y entender que la felicidad, el sentirse a gusto en la vida, llega en él, en el ahora.

Podré haber sido feliz en el pasado y podré serlo en el futuro, pero el único momento en que puedo disfrutarlo es en el presente.

No es fácil. Tengo que tatuármelo en la piel y recordármelo cada día. Sí, aquello de que el pasado no se puede cambiar y el futuro aún no ha llegado, por lo que es bastante inútil preocuparme por él.

Debo entender cada día que lo importante es centrarme en mí y en nada más, en lo que logre en este momento, en lo que me haga feliz en este preciso instante.

No podemos basar toda nuestra vida en hechos que nos aporten un futuro feliz, el día a día está lleno de pequeños momentos que nos pueden hacer felices si nos centramos en ellos, si los disfrutamos como merecen y los vivimos por completo. No hace falta que sea algo grande, a veces en los detalles está la vida.

Debo darme cuenta de que así el futuro puede ser incluso más bonito.

Y que solo así podré decir que he vivido una buena vida cuando todo esto acabe.

4 libros que me inspiran

Existe tal montaña de libros de ensayo en las librerías que nunca sabes muy bien cuál elegir. Los hay sobre infinidad de temas, de todos los tamaños y todos los colores. Habrá libros que te llamen por la portada u otros por lo que cuenten en su interior. Sea cual sea la razón por que escoges unos u otros, siempre es difícil acertar, como todo en la vida.

Siempre es difícil saber si ese libro pasará a tu lista de imprescindibles o a la de cosas que olvidar.

A mí, en cuanto a este tipo de libros, los de ensayo, siempre me han gustado aquellos que te aportan un valor, que te dejan enseñanzas a medida que vas leyendo y a los que puedes sacarle jugo aplicable a tu vida. Aquellos que te hacen abrir los ojos y preguntarte cómo es tu vida, que te motivan a realizar pequeños cambios que la puedan mejorar.

Este tipo de ensayos suelen estar en la seccion de autoayuda, pero me horripiliza ese término, porque no tienen nada que ver. Odio aquellos libros que intentan venderte una fórmula mágica de la felicidad, que te ofrecen los 7 pasos para ser más feliz o que te dicen que lo único que necesitas para que tu vida sea mejor es desearlo con mucha fuerza, quererlo, pues así el universo conspirará para que así sea.

No, no quiero fórmulas mágicas, sino libros que me acompañen en el camino, me ayuden a entender al ser humano, cómo es el mundo y todo lo que sucede a mi alrededor, que posibiliten que mejore mi vida por mí mismo, diseñando estrategias. Quiero libros que me abran la mente, que me den conocimientos, que satisfagan la curiosidad que tengo sobre la vida.


De pixar al cielo – Lawrence Levy

Me apasiona Pixar, me encantan sus películas, forman parte de mi vida y de cómo he idoportada_de-pixar-al-cielo_lawrence-levy_201802051636 creciendo. Adoro su forma de enseñarnos cómo somos, de analizar cómo es el ser humano y todas las emociones que nos recorren. Por eso me interesó tanto este ensayo, quería saber cómo se gestaba todo, cómo funcionaba por dentro.

El libro, escrito por Lawrence Levy, exdirector financiero de la casa de películas como Toy Story, Up o Inside Out, nos muestra las bambalinas de la empresa desde 1994, cuando aún no se había estrenado Toy Story y estaban prácticamente arruinados, hasta 2006 cuando la vendieron a Disney. Es un perfecto retrato de cómo apuestan por la creatividad, el esfuerzo humano y el riesgo de querer contar historias diferentes. Nos muestra que todo camino conlleva un reto, un esfuerzo y que habrán momentos de caída, tiempos difíciles, pero que con trabajo y buenas ideas se puede llegar a cualquier parte.

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De qué hablo cuando hablo de correr – Haruki Murakami

Escribir no es fácil. Bueno, en realidad, pocas cosas lo son en esta vida. El deporte nos puede ayudar en los momentos más difíciles, en esos instantes en que necesitamos despejarnos y olvidarnos del mundo, en que necesitamos descansar de aquellas cosas que nos traen de cabeza.

En este libro, el conocido escritor japonés nos explica su experiencia corriendo, el cómo9788483832301 se mentaliza para hacerlo, cómo hacer este tipo de ejercicio sirve para ejercitar la mente, para hacerla más fuerte, más dura, cómo sirve para plantearte un objetivo y trabajar para lograrlo. Y también nos habla del placer del después, del descanso, de disfrutar de no hacer nada.

Yo empecé a correr de forma regular el año pasado y os puedo decir que sí, que es magnífico. Me encanta ir tranquilamente por ahí con un buen podcast o música en los oídos, ponerme metas y cumplirlas, vaciarme de lo malo que me haya sucedido ese día o cualquier cosa que me coma la cabeza, respirar naturaleza e incluso sentir el dolor en las piernas para luego aliviarme al parar.

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Libera tu magia – Elizabeth Gilbert

Creo que todas las personas somos creativas, que hay algo en nuestro interior que nos invita a crear, pero no siempre sabemos o lo dejamos sacar a relucir.

Y es que no es fácil, hay mil cosas que nos frenan a la hora de producir. A veces nolibera-tu-magia tenemos tiempo, el trabajo nos lo impide, las ideas están flotando en el aire pero no sabemos exactamente cómo juntarlas y darles forma o, básicamente, no sabemos arrancar o nos da pereza.

Este libro habla de la constancia, de que es imposible dar rienda suelta a la creatividad sin un poco de humildad y trabajo, de que lo importante es disfrutar con lo que uno hace y que si queremos llegar a alguna parte es vital comprometernos con lo que hacemos. Y, sobretodo, saber que tenemos derecho a tropezar, a caernos, que lo importante es saber qué enseñanza extraemos de todo ello.

Yo como escritor lo vivo todos los días. Cada vez que me pongo frente a la página en blanco me doy cuenta de que estoy corriendo una maratón, que a veces el trabajo no da frutos inmediatos, pero sacando a la luz toda mi creatividad, que estoy dejando algo bonito para mí, para el mundo.

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Mientras escribo – Stephen King

Adoro a Stephen King. A pesar de todo lo que vende, creo que es uno de los autores más infravalorados que existen, quizá por ello, por ser un bestseller. Creo que no se le valora como debería, pero pienso que es uno de los mejores creadores de personajes que existen. Tienen un transfondo emocional increíble y muchos matices, no hay buenos ni malor, sino que todos son grises, como siempre en la vida, al fin y al cabo.

9788497597326Como escritor, nunca está mal aprender de los maestros y conocerlo todo sobre ellos, así que este libro me resulta interesantísimo. En él, Stephen hace un recorrido por su historia escritoril, desde sus comienzos, siendo solo un niño, hasta que empezó a ser un superventas.

Es genial ver cómo fue trabajando poco a poco para ganarse estar en el lugar donde está, cómo hasta él, uno de los más grandes tropezó y se cayó un montón de veces antes de poder ganarse la vida en esto. Según cuenta, acumulaba todos los rechazos editoriales que le mandaban, los cuales le servían para motivarle y mejorar. Al final es lo que deberíamos hacer siempre: sacar lo bueno hasta de aquellas cosas que nos parecen más negativas.

Además, ofrece un montón de consejos útiles para toda aquella persona que le guste este mundillo y quiera mejorar en él. Creo que cada uno debe seguir sus propios consejos y qué cosas puede cambiar y mejorar, qué aspectos le vienen bien y cuáles no, pero nunca de más tener ciertas cosas en cuenta.

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Bueno, espero que os animéis con este tipo de lectura y que no os eche para atrás el hecho de que muchas veces este tipo de libros sean considerados de autoayuda. Creo que son conceptos muy distintos, una cosa es ofrecer fórmulas mágicas y otra bien distinta es aportar valor. Pienso que esto último nos puede ser de muchísima utilidad para crecer como seres humanos.

¿Sueles lees este tipo de libros? ¿Cuáles son tus favoritos, aquellos que recomendarías? ¡Te leo!

Productividad en tiempos de encierro

“¿Qué estás haciendo estos días?”

¿Cuántas veces os han hecho esta pregunta durante estas últimas semanas? Supongo que se hace sin ninguna mala intención, simplemente con el ánimo de interesarse por ti, saber que estás bien. Pero, creo que, intrínsecamente, siempre lleva consigo la connotación “¿Estás aprovechando estos días?”.

Nunca he sido una persona que me haya exigido mucho a mí mismo. Recuerdo pasar sin pena ni gloria por el instituto y lo único que me importaba era aprobar, daba igual con un diez que con un cinco. Luego llegué a la universidad y las notas mejoraron enormemente, pero más que por exigencia, porque me apasionaba lo que hacía y porque me picaba con mis compis. Siempre pique positivo.

Pero no sé que me pasa últimamente. Paso los días intentando hacer cosas que me aporten algo, que den valor a mi vida y sumen, me obligo a mí mismo a estar constantemente activo y me entra un sentimiento enorme de culpabilidad si no lo hago.

La palabra clave siempre es PRODUCTIVIDAD.

Tener que ser siempre productivo, estar creando de manera continua, que tu tiempo no se pierda en algo banal que no te dé una renta  en el futuro. ¿Qué haces viendo una serie? ¿Eso qué te va a aportar? ¿Por qué juegas a ese dichoso juego de ordenador cuando podrías estar escribiendo la gran novela europea del siglo XXI?

Sí, a mí lo que más me come la cabeza es el hecho de escribir.

Nunca creí que el hecho de publicar me iba a suponer tal aumento de presión. Autoimpuesta, por supuesto, nadie me obliga a estar escribiendo todo el tiempo, o a pensar en mi próxima novela, tampoco a publicar todos los años. Es algo que me digo a mí mismo todo el tiempo, pero no funciona. Tengo que escribir, tengo que conseguir acabar ese dichoso manuscrito antes de esa fecha, enviar ese relato a ese concurso y pensar nuevas ideas para no quedarme nunca vacío. Tengo que contentar a mis lectores porque es lo que se espera de mí, porque cuando estás presentando una novela ya te están preguntando que para cuándo lo siguiente, porque debes dejar un legado.

No, no, no. Nadie espera nada de ti, al menos no con el ansia con la que tú te crees. No es necesario escribir ni publicar siempre. Hay gente que no lo hará en su vida y tú pretendes hacerlo de manera constante. Te exiges tanto a ti mismo que incluso hay momentos en que odias esto. ¿Cómo puedes haber llegado al punto de odiar aquello que tanto te gusta?

Es una mierda, simple  y llanamente.

Lo peor de todo esto es que mucha de esta presión viene por querer compararme. Sí, con esa persona que con cinco años menos tú ya ha publicado quinientas veces, con esa otra que cada día se saca tres mil palabras de la chistera o con esa otra que aumenta sus seguidores en redes por cientos.

Lo que me tengo que repetir cada día es que cada persona tiene sus circunstancias, que cada uno hace lo que puede.

Este confinamiento ha acrecentado esa presion de hacer de todo todo el tiempo. Ya no es solo escribir, me sabe mal tumbarme un rato a ver una peli y no estar leyendo o coger la cámara y practicar echando fotos, o la guitarra para intentar tocar esa canción que lleva atascada desde hace tiempo, o aprender a dibujar, o hacer más ejercicio aún si cabe, estudiar algo.

Pero tengo que permitirme poder aburrirme. No solo se es productivo haciendo cosas, también es lo es descansar y aburrirse, porque también esto nos hace crecer y dar rienda suelta a la creatividad, nos prepara el cuerpo y la mente para cuando estemos más activos.

Aburrirse es la mejor manera de crear.

Me tengo que permitir incluso estar mal. Que haya días en que no tenga ganas de nada ni de nadie, que solo quiera encerrarme en mi mierda y que todo pase, que empiece el siguiente, que acabe. Me tengo que permitir estar triste porque es imposible sentirse bien u optimista todo el tiempo. Hay días que sí y hay días que no, como dice la canción. Lo importante es que miremos el conjunto y nos sintamos bien con la imagen que vemos de nosotros mismos.

Me lo tendré que grabar a fuego, hacer callar a esa vocecita que me dice todo el tiempo que levante el culo y me mueva, que estoy perdiendo el tiempo, que mientras yo descanso hay otro que lo está haciendo mejor que yo. Tendré que decirle que quiero no hacer nada, que quiero estar tirado mil horas en el sofá sin preocuparme, que también es sano.

Y es que no hacerlo, permitir que esa vocecita siga hablando, me llevaría a aborrecer aquello que siempre he amado.

 

Escribir cuando ya has publicado

Recuerdo que, hace un año, por estas fechas, me encontraba enfrascado en la corrección de La chica de las mariposas. Eran meses trepidantes e ilusionantes para mí. Mi sueño, poco a poco, iba tomando forma y todos los años escribiendo la novela empezaban a merecer la pena.

Últimamente pienso mucho en cómo escribí esa novela y cómo escribo ahora.

Durante aquellos años, escribía cuando me apetecía y siempre como hobby, creo que nunca me obligué a hacerlo. Escribía con la esperanza de publicar, sin presión, sin prisa, pensando, como siempre había hecho, que si no publicaba esa novela, lo haría con la siguiente, que tan solo era cuestión de tiempo, de trabajo, de esperar, que estaba haciendo las cosas bien y me gustaba lo que hacía.

Creo que todo ha cambiado.

Sigue gustándome lo que hago, pero escribo con una presión que no me gusta. Tengo que escribir mejor, la historia tiene que gustar más y ser más buena que la anterior. La prosa debe ser más bonita, debe tener los giros necesarios y la trama resultar interesante, los personajes deben ser redondos y carismáticos. Y, por supuesto, debe haber un final que quite el aliento.

Todo estos elementos ya debían estar antes, pero ahora lo vivo con más presión porque me siento observado y juzgado.

Lo peor es que esa presión no me la impone nadie, soy yo mismo el que se exige y se destruye continuamente.

Luego viene el tema de compararse a los demás y la presión se hace aún más grande.

Porque sí, porque pensar que yo escribí mi novela en tres años y hay gente escribiendo una novela cada tres meses no es muy alentador. Somos nuestras circunstancias y cada uno tiene su ritmo, pero ver a autores continuamente en el tintero publicando cosas, moviéndose, con cada vez más seguidores y mas metidos en el mundillo, te hace preguntarte en todo momento qué demonios estás haciendo con tu vida.

Y la respuesta no suele ser muy positiva.

Y repito: la presión no dejo de ponérmela yo porque parece ser que, ahora que por fin he publicado, no puedo retroceder, tengo que ir a más. No es una recomendación, ni un deseo, es una obligación.

Y eso parece que significa publicar una novela al año porque, si no, no estás en el tintero; publicar en alguna antología para que la gente siga acordándose de ti, que se te vayan abriendo puertas y aumentes tus seguidores en cientos; para que se note que eres alguien, que esto de la escritura no es cuestión de suerte ni flor de un día.

Crear más, pero no sé si mejor.

Crear, en general, pero no sé si disfrutándolo.

Porque hubo un tiempo en que escribía con la ilusión de que la gente me leyera y disfrutara con lo que hago, y sigo haciéndolo, pero estoy en un punto en el que muchas veces siento obligaciones que no quiero asumir, deberes que me autoimpongo y, a la vez, me crean ansiedad.

Porque quiero escribir para disfrutar, no como obligación para la gente siga acordándose de mí.

Y creo que me estoy arrastrando a mí mismo al abismo.

Porque, ¿qué pasaría si no consiguiera publicar la novela que estoy escribiendo ahora mismo? En principio, no debería pasar nada y debería tomármelo como un simple bache en el camino.

Pero, probablemente, me hundiría.

Pensaría que lo de mi primera novela ha sido una ilusión, que no sirvo para esto, que nada ha merecido la pena.

Nadie ni nada me obliga a publicar constantemente, pero nos hemos creado una visión en la que creemos que no publicar constantemente es caer en el olvido, cuando, en realidad, creo que es lo normal.

Supongo que, al fin y al cabo, más que obligarme a escribir y crear mucho, con la posible pérdida de calidad que eso puede acarrear, a lo que debo obligarme es a remodelar mi cabeza para aceptar las posibles caídas que pueda haber en este largo camino. Y,  sobretodo, hacerme a la idea de que cada persona es un mundo y no puedo compararme a los demás.

Creo que esa será la única manera de avanzar de verdad.

La vida a través de la pantalla (1) | Tercera opinión

Ocho de la mañana. Suena la alarma con un ruido estridente que te recuerda que tienes obligaciones, que no puedes seguir calentito en la cama, que te tienes que levantar.

Apagas la alarma y, aún medio dormido, empieza lo que yo llamo “La ronda de la consulta”. Instagram, Facebook y Twitter en bucle y, finalmente, te quedas en este último hasta que ves el último tweet que viste justo antes de dormir. Ya estás tranquilo, lo has visto todo, no te has perdido nada y el mono se desvanece por unos instantes. Has perdido veinte minutos de vida y el día acaba de empezar. Magnífico.

Este soy yo cada día.

Y es una verdadera mierda.

Vivimos una época en que el enganche a las pantallas nos convierte en meros muertos vivientes que viven por un like o tener más seguidores. Es la droga del siglo XXI, la droga por la que tenemos más mono, de la que dependemos más. La droga que nos puede conectar al otro extremo del mundo y nos desconecta de la persona que está a nuestro lado. Vaya mierda, ¿no? Estar más pendientes de algo que ni nos va ni nos viene y dejar de lado todo lo importante.

Y es que ¿quién no ha cogido el móvil alguna vez en una cena o en esa cita tan importante? ¿Quién no ha estado más pendiente de la pantalla que de lo que te dice esa persona que te está hablando?

Lo peor es que nos estamos perdiendo la vida, nos empeñamos en mirarla a través de la pantalla cuando, simplemente, debemos alzar la cabeza y darnos cuenta de cuan bonito es todo para disfrutar de lo que estamos viviendo.

Nos hemos vuelto locos cuando grabamos un concierto en lugar de bailarlo, cuando hacemos mil fotos de ese momento que llevamos tanto tiempo esperando. Todo eso caerá en el olvido, joder, se quedará en un rincón abandonado en la última carpeta del ordenador.

Dediquémonos a vivir el momento, a crear recuerdos emocionales, no físicos.

Lo cierto es que me doy rabia cada vez que tengo la necesidad de hacer La ronda de consulta. Lo hago tantas veces que, en ocasiones, no hay nada nuevo que consultar. Me da rabia que, a veces, mi autoestima dependa de los likes. Me da rabia darme cuenta de que pierdo horas y horas cada día en algo que no me aporta absolutamente nada, en ver un mundo que no existe, en tener envidia de vidas que son mentira.

Porque la única verdad es que todo es mentira.

No somos como aparentamos ser.

No somos tan felices, ni estamos siempre tan guapos.

Lo sabemos y, a pesar de ello, nos lo creemos todo y nos dañamos continuamente.

Esto es el siglo XXI, el de vivirlo todo a través de una pantalla y no saborear la verdadera realidad. ¿Bonito? No lo sé. ¿Estúpido? Desde luego.

Pongo punto final a este texto que escrito con boli y papel, con el móvil en otra habitación para evitar tentaciones. Salto del sofá y camino rápido hacia el aparato. Necesito ver si tengo alguna notificación, si alguien quiere saber de mí, si tengo algún like más, si soy más popular, si el mundo me quiere, si soy importante para alguien.

Un par de mensajes en whasap sin importancia, un buen puñado de likes en Twitter, Instagram y Facebook. Suspiro aliviado. Todo eso hubiera podido esperar, nada es verdaderamente importante o urgente. Pero yo ya me siento más tranquilo.

Ya me he quitado el puto mono que llevo sintiendo todo el puto rato.

¿Y vosotros/as? ¿Cómo os sentís respecto al uso de la tecnología?

La chica de las mariposas

MARIPOSAS-cubierta-finalOs presento mi primera novela: La chica de las mariposas.

Sinopsis

Vic se muda a Madrid dispuesto a ser feliz haciendo lo que realmente le gusta, el único modo en el que cree que se debe vivir.

Ara coge cada noche su guitarra y canta sus canciones de concierto en concierto; la música lo es todo para ella y solo se entiende a sí misma cuando suenan unos acordes.

De Logroño o de su pasado, ambos buscan huir.

La vida puede ser un ascenso infinito y una caída libre, dos personas que conectan sin querer o un remedio inesperado a lo inevitable.

La vida puede ser un «para siempre» o solamente «1996».


Mi primera novela publicada, qué fácil es escribirlo y qué difícil ha sido llegar hasta aquí. Quien lleve por este blog un tiempo, sabrá que uno de mis sueños desde hace años ha sido el de publicar una novela. Llevo escribiendo novelas (o intento de novelas) desde los quince años. Empecé con una historieta horriblemente escrita sobre un vampiro que quería conquistar el mundo en la cual no había imaginación ninguna. La historia imitaba una novela sobre zombies que había leído en el instituto, los nombres de los personajes eran de personas de mi alrededor y la corrección gramatical y ortográfica brillaba por su ausencia..

Pero por algo se empieza. Descubrí que aquello me gustaba y me entretenía muchísimo. Coincidió con la época en que me bebía los libros de Harry Potter y la literatura me empezaba a gustar, así que poco a poco fui mejorando y mi campo de visión se fue ampliando.

Han pasado doce años y en medio hay 4 novelas más. Y diréis: ¿dónde están? En un rincón olvidado de mi ordenador, por supuesto. Las novelas que he escrito a lo largo de estos años me han servido para mejorar muchísimo, pero soy consciente de que no son buenas o, al menos, no tienen el estándar de cálidad que yo mismo me quiero imponer para que vean la luz. No quiero publicar cualquier cosa porque el fin no es publicar en sí, el fin es crear algo que, primero, me emocione a mí y, luego, emocione a los demás, que un producto que lleva mi nombre sea de calidad, al menos bajo mi punto de vista.

¿Cómo sucedió?

La chica de las mariposas es la primera novela con la que acabé totalmente satisfecho y con la que, por fin, me vi con fuerzas para intentar publicarla. La veía como el final del camino de todos los años que había dedicado a este blog, de todo lo que me había dejado en él. Las demás novelas eran yo contando cosas, narrando. Esta soy yo exprimiéndome al máximo. Quizá por eso tardé tres años en escribirla. Por eso o por que siempre voy con mil cosas a la vez.

La envié a varias editoriales y ni siquiera recibí un “no” por respuesta, cosa que dice mucho más de ellas que de mi novela. Me parecía un desperdicio que no fuera a publicarse, pues me creía que era lo mejor que había escrito nunca y que realmente merecía la pena que la gente la leyese, pero mi ánimo y las posibilidades que tenía de hacerlo iban remitiendo.

Y entonces pasó. Estaba con unos amigos de viaje en Viena y uno me pasó un tweet en el que una chica (la que sería mi editora) buscaba gente a la que le gustara escribir. ¿Qué podía perder? Nada, claro, así que me interesé y resultó ser una nueva editorial que buscaba novelas que publicar.

He de decir que, vistos mis resultados anteriores, envié la novela más por inercia que por esperanza. Al final, el vacío que me habían hecho las otras editoriales iba dejando huella en mi ánimo y ya estaba pensando más en qué iba a ser lo siguiente que iba a escribir que en seguir enviando el manuscrito a alguna parte.

Y pasó. EL MAIL, en mayúsculas, diciéndome que la novela había gustado y que estaban interesados en publicarlo. Suspiro, suspiro, corazón a mil, grito ahogado y… cautela. Antes he mentido, hubo editoriales que sí me contestaron para decirme que les interesaba mi novela, pero cuál era mi sorpresa cuando me decían que tenía que pagar yo por imprimir los ejemplares, distribución o publicidad de la misma o que ni siquiera iban a corregirla. Pocas cosas me enfurecían tanto, porque si tanto confiaban en mi novela, si tanto les había gustado como decían, ¿por qué no apostar al todo por ella? Me cabrea la gente que se quiere aprovechar de la ilusión de la gente.

Una vez revisadas las condiciones me di cuenta de que no, que esta vez iba en serio, iban a apostar por mi novela como yo siempre había querido y, desde el principio, tuve la intuición de que se iba a hacer un buen trabajo, que la iban a cuidar y mimar, cosa que, realmente, era lo único que yo quería. No había pasado yo tres años de mi vida escribiendo como para que, ni siquiera, fuera corregida, como me ofrecían en otros lares. Publicar sí, pero no a cualquier precio, no en mi nombre.

El proceso

A partir de aquí nos pusimos a trabajar. Se envió la novela a una Sensitive Reader porque la novela trata algunos temas complicados y, junto a la editora, me marcaron las directrices que, bajo su punto de vista (que también sería el mío) harían la novela mejor. Y es que ese es el proceso de edición que, realmente, debería haber siempre. Yo ya sé maquetar una novela, para hacer eso me autoedito, lo realmente importante es que mejoren tu novela, que te aconsejen en el proceso y llegue de la mejor manera al lector.

Eso hicimos durante meses, trabajamos codo con codo observando fallos y virtudes, corrigiendo aquello que no cuadraba y haciendo la novela más leíble. Y es que al final, por mucho que tú leas y leas, nunca llegarás a ser tan objetivo como una persona ajena a ti.

Y la portada, tema aparte. La editora y yo coincidimos desde el principio en lo que queríamos (en realidad, coincidimos en casi todo lo relativo a la novela, suerte inmejorable) y, una vez le comenté a la ilustradora la idea de Ara que tenía en mente, la supo plasmar a la perfección sobre el papel. Yo tenía una idea, pero ella la mejoró, dibujando una imagen mucho más nítida que la que yo tenía en la mente.

Realmente, todo este proceso fue agotador, pero necesario para que la novela llegara al lector tal cual la queríamos, para que estuviéramos orgullosos de ella.

El resultado

Y lo estamos. Creo que La chica de las mariposas es una buena novela, con sus virtudes y defectos, pero una buena historia, al fin y al cabo. Creo que, dentro del mar de historias que se publican cada año, esta se desmarca e intenta ser diferente. Al menos lo hemos intentado. Por mi parte, no quería hacer algo olvidable, una novela que, cuando la acabaras, la miraras con indiferencia y la dejaras en un rincón olvidado de tu estantería, sino algo que te hiciera pensar, reflexionar y, sobretodo, sentir. Porque, al final, los libros están hechos para hacernos sentir emociones, creo que es lo más importante.

De momento, en general, la novela está gustando. Siempre quedará alguna opinión que me haga decaer el ánimo porque, es una mierda pero, queramos o no, siempre nos afecta más lo negativo que lo positivo, aunque lo primero sea un mínimo porcentaje. Al final me tengo que quedar con lo positivo, gente con la que no había hablado en la vida diciéndome que ha llorado con la novela, que mi trabajo de tres años se lo han ventilado en dos días porque les encanta cómo está escrita, que es distinta, que emociona, que a ver si hay segunda parte.

Y, si me paro un momento a pensarlo, es maravillosa la reacción que está habiendo, el apoyo que he encontrado en familia, amigos o, incluso, personas que ni conozco. Me parece algo tan irreal lo que está sucediendo que, creo, no acabo de asimilarlo. Quizá sea con el paso del tiempo, cuando eche la vista hacia atrás cuando me dé cuenta de que… hostias, con perdón, he publicado un libro.

¿Y ahora qué?

Ahora seguir escribiendo, pues esto no es más que el principio. Quiero seguir mejorando, porque soy consciente de mis fallos y errores, quiero seguir dándole forma a historias que tengo en mi cabeza, reflexiones a las que quiero dar salida. Quiero sorprender y escribir historias diferentes, desmarcarme y crear mi propio sello, dejar huella con lo que hago, seguir haciendo lo que más me gusta.

Porque, al final, creo que eso es lo que busca todo ser humano: estar en el que considera su lugar en el mundo.


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